Espa√Īol ūüá™ūüáł

Collisiones Bestiales, por Kátia Gerlach, traducción Julia Tomasini

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Un cuento de “Colisiones Bestiales”, traducci√≥n por Julia Tomasini y publicado por Diaz Grey Editores, McNally and Jackson, Soho, New York

J’achéte ma gloire
Au prix des mots mélodieux.
Le Bestiaire, Apollinaire

Nota epistolar

Admirable J. Cort√°zar:

Sufro de cefaleas intermitentes y prendo los sue√Īos con la cabeza de un f√≥sforo. El fluido de analg√©sicos de √ļltima generaci√≥n inunda mi sangre. En estos devaneos del vicio, dialogo con los maestros del universo y los muertos hist√≥ricos, entre los que est√°s t√ļ (si me permites el trato informal). En esta rayuela, pido socorro a la Maga para hacer que los personajes y las bestias se adhieran al papel como al √°nima de alg√ļn que otro lector.
Escribo como manifiesto de resistencia (mi idioma vive en el pedestal de la extinci√≥n). Soy un exiliado, tal como t√ļ lo fuiste un d√≠a en Par√≠s, o como Bola√Īo en los campings de veraneo espa√Īol, s√≥lo cambio de ciudad. Tu continente, el suyo, el m√≠o, sigue a la deriva en direcci√≥n a futuros de un ojo entreabierto como la puerta de Magritte.
Noto la tontería de la megalomanía (¡las sesiones de terapia no revelan la amplitud de mi ambiciosa imaginación, ja!) y mi rostro truculento hace juego con el cuadro general de las cosas.
Soy un imbécil, como todos los demás en este planeta en vías de oscurecer tan pronto como dios use su dedo furibundo para apretar el interruptor.
Abrazos,

Un Desconocido


Animales en la cabeza
Las torres de la calle Cien, a metros de la Plaza del Tiempo
Bajo el catalejo azul
Anuschka planta semillas de paquete en la vasija de arcilla roja y quebradiza; las manos acarician la tierra para producir el ritual de la primavera en un mes de oto√Īo. Desde el balc√≥n hasta la calle, palmos tortuosos, pulgar a pulgar, se desciende por una soga. Las cejas de Anuschka se acercan en un esfuerzo intelectual para suponer las sensaciones de un salto vertical desde el balc√≥n suspendido. Los dedos hostigan las ra√≠ces, ya sean hojas de perejil y de albahaca, ya sean vestigios de ox√≠geno y fotos√≠ntesis. La enana muestra poca voluntad para salir del apartamento, o del per√≠metro de las Torres. Solo hay que plantar y esperar el florecimiento.
Desde abajo, con un catalejo azul, viene a nosotros la visión del cuerpo de Anuschka encogido en el balcón de rejas oxidadas. Las cortinas aletean como si casi no pertenecieran al apartamento. Los objetos acumulados en los rincones del balcón querrán salir volando si se aceleran las veletas. La basura se desparrama a la manera de microorganismos que cubren la pátina, y llena los camiones matinales con los detritus. Los hombres de la basura corren con los tachos. ¡Bailan! En el anverso, Anuschka admira el movimiento desinhibido de aquellos cuerpos libres y enteros que penden al costado del camión.
Anuschka ondula sus labios de carm√≠n. Bastante nutrida, corre al interior de los pasillos manchados del apartamento, y la lente del catalejo azul no sacia m√°s a los buitres. La enana camina insatisfecha sobre el piso de lin√≥leo de la cocina. El patroncito era un taca√Īo al estilo de pap√° Goriot. Cuanto m√°s Ju√°rez empu√Īaba el cetro, m√°s Anuschka combinaba resentimiento y servilismo ante la eminencia. Una cocina en piedras de m√°rmol, una ilusi√≥n. Respecto de la intimidad entre ellos, ¬Ņser√≠an hermanos, amantes o bibelots del zar? Nadie, salvo un cierto director de circo, el docto Moskowitz, lo sab√≠a. El di√°logo entre Ju√°rez y Anuschka sol√≠a discurrir en el siguiente tono:
‚ÄאּNo sirves para nada, Anuschka!
‚Äď Patroncito, no se exalte que el coraz√≥n se rebela. Acabo de rallar las zanahorias para su ensalada de cuajo y pasas, y para el salpic√≥n de pollo.
‚Äď No necesito tus cuidados, mujer de pulgar. Para el coraz√≥n tengo aspirinas. Lo que te pido es que no desequilibres mi dieta con exceso de carotenos; mira c√≥mo se me han amarilleado las palmas de las manos.
‚Äď Las zanahorias estaban de oferta en la feria, ven√≠an en atados llenos de hojas que aprovech√© para la sopa de la cena.
‚Äď Est√° bien, Anuschka. Vuelvo para la cena despu√©s de hacer las cuentas del d√≠a. Este Ezequiel no se cansa y sigue tray√©ndome mala suerte. Otro que acaba con mi humor, como t√ļ. ¬ŅY si hace saltar la banca cuando le cambie la suerte y gana en el Jogo do Bicho?

En su juventud, Ju√°rez y Anuschka no lograron pertenecer a la compa√Ī√≠a circense y la amargura viv√≠a entre ellos como una tercera persona de carne fl√°cida y sangre pastosa. Naturalmente, Ju√°rez culpaba a la compa√Īera por las cartas de rechazo del poderoso Moskowitz. Ju√°rez se quejaba de Anuschka por costumbre. La falta de linaje y la nariz vulgar de la compa√Īera cortaron sus oportunidades profesionales por la mitad; no podr√≠a haber otra explicaci√≥n. Ju√°rez cre√≠a que, cerca de Anuschka, cualquier objeto perd√≠a valor, incluso √©l mismo. La jarra de cristal checo que flaqueaba entre el pulgar y el indicador de la enana parec√≠a estar hecha de vidrio com√ļn en sus manos. Anuschka, consciente de la mirada escrutadora que la observaba, derramaba agua y l√°grimas en el vaso del patroncito y conten√≠a la respiraci√≥n para concentrarse mejor en su tarea. A pesar de tener brazos cortos y poco flexibles, Anuschka, humilde como un perro, se estiraba para complacer a aquel hombre malhumorado.

La promenade
Cada oto√Īo, Anuschka y Ju√°rez se encaminaban hacia un paseo osado y se met√≠an en la multitud para esperar la llegada del circo a la salida del t√ļnel que un√≠a la isla al resto del mundo. No hab√≠a m√°s que un t√ļnel, y el aislamiento caracterizaba el esp√≠ritu insular. Todos esperaban el advenimiento de la fauna circense. El tr√°nsito del t√ļnel se cortaba para que elefantes, camellos, caballos, llamas, puercos, chivos, lobos, palomas, carpas, anguilas, ar√°cnidos y criaturas fuera de cualquier clasificaci√≥n del reino animal atravesaran el puente con sus propias patas. Tras los dem√°s animales, un carnaval de malabaristas, payasos y enanos. El circo se instalaba en un campo de cemento cerca de la Plaza del Tiempo.
Moskowitz hab√≠a anunciado en el programa de radio la llegada de animales que, como el clan ind√≠gena tagaeri-taromenani, nunca hab√≠an entrado en contacto con la civilizaci√≥n, y con eso hab√≠a azuzado de curiosidad el aguij√≥n de Ju√°rez. Sediento por desnudar el secreto de Moskowitz, Ju√°rez hab√≠a averiguado aqu√≠ y all√≠ y hab√≠a o√≠do decir que el antih√©roe ten√≠a intenciones de aterrorizar a la flor del agua. El director planeaba superar a Kafka y al hombre hambriento enjaulado. ¬°La maestr√≠a del showbiz! ¬ŅQuid novi?

Qui√©n era a fin de cuentas el compa√Īero de la buena Anuschka
Mientras Juárez baja en el ascensor para nuevamente encontrar a Ezequiel y a la gente del Jogo, hablemos sobre los rasgos más característicos de Juárez Molina:

1. Satanista
Frecuentador de cultos comunitarios, Ju√°rez se consideraba un √°ngel rebelde, seguidor de fuerzas contrarias al hombre. El Enemigo lo encantaba por su audacia.

2. Domador de enanos
Oriundos de la Rusia profunda, Ju√°rez, Anuschka y otros habitantes de las Torres, como Ezequiel e Ivana, desembarcaron en el puerto del r√≠o Hudson porque los Rojos rechazaban la admiraci√≥n zarista por hombres y mujeres en miniatura. Parte de la colecci√≥n de Pedro, el Grande, tanto Ju√°rez como Anuschka y otros encontraron refugio en los laboratorios experimentales nazis. Acabada la Segunda Guerra, fueron despachados a las Torres de la Calle Cien, donde esperaron en vano el llamado de alguna compa√Ī√≠a de circo y fueron fotografiados por Diane Arbus. De notable liderazgo, Ju√°rez actuaba como soberano de las aspiraciones de sus camaradas y aprendi√≥ a negociar la supervivencia de todos a trav√©s de su astucia.

3. Pornógrafo
Fetiche de historias er√≥ticas, Ju√°rez hab√≠a participado, mediante remuneraci√≥n, de org√≠as art√≠sticas por la ciudad. Personificaba a Marlene Dietrich y Maurice Chevalier, y la alta casta de la sociedad no conceb√≠a una fiesta sin la presencia de Ju√°rez y su troupe. Ju√°rez hab√≠a adoptado el nombre espa√Īol en homenaje a Vel√°zquez, cuya obra mostraba que el pintor no se hab√≠a intimidado con personas de estatura inferior y miembros con otras proporciones. Ju√°rez practicaba la descomposici√≥n carnal con hombres y mujeres de todos los tama√Īos.

4. Adicto a las aspirinas
Debido a las crisis de insuficiencia cardíaca, Juárez molía una aspirina y media en el plato de porcelana polaca con flores rosáceas. Para él, la mejor invención de la humanidad. El analgésico afinaba su sangre densa y suavizaba los dolores del esqueleto; esto le permitía postergar la cirugía de columna recomendada por una junta médica.

5. Curioso
No se trata de que Ju√°rez quiera saber qui√©n eres t√ļ, lector. √Čl no se te acercar√≠a. La curiosidad de este hombre alcanza otra magnitud. Ju√°rez olfatea a las personas como un perro, de modo que pocas veces se sorprende. Esta capacidad le permite controlar las apuestas del Jogo do Bicho y evitar p√©rdidas. Pero a Ju√°rez s√≠ le gustar√≠a saber cu√°l es la conexi√≥n entre los n√ļmeros y los animales.

6. Ocultista
Para Ju√°rez, lo Sobrenatural no se limitaba al Enemigo. Otras fuerzas ten√≠an influencias en los n√ļmeros, los animales y el resultado de las apuestas. La vida, en general, consist√≠a en una probabilidad matem√°tica manipulada por fen√≥menos. Luego de vivir durante varios meses en los laboratorios de Menguele, Ju√°rez nota que la ciencia depende de la intuici√≥n para arribar a alg√ļn resultado, y prescinde de la l√≥gica como recurso √ļnico.

7. Enga√Īador
Para salvaguardar la banca del Jogo, Ju√°rez cre√≠a que se justificaba alterar las tablas diarias. Aunque los valores financieros permanecieran, ciertos n√ļmeros populares como el d√≠a de San Jorge o el de los atentados a las Torres Gemelas o la fecha del asesinato del elefante en manos del Rey de Espa√Īa no pod√≠an concentrar las ganancias, y Ju√°rez embaucaba a los apostadores.

8. Chupador de mangos frescos
En el almacén que servía a las Torres, Anuschka compraba mangos tropicales para el postre del almuerzo del patrón. Juárez pelaba cada mango lentamente en su hora de sosiego. Luego, después del almuerzo, se cerraban las apuestas y la banca debía publicar en el poste el resultado del día. Entonces los jugadores golpeaban a la puerta y Juárez sacaba del bolsillo los billetes para el pago justo.

Un encuentro furtivo
Al salir por la puerta autom√°tica del ascensor, Ju√°rez se top√≥ con el andrajoso. La vecindad estaba cansada de encontrar al hombre embriagado. Ezequiel trabajaba en un dep√≥sito de bebidas y, en ciertas ocasiones, obsequiaba a Ju√°rez unas botellas panzonas de prosecco, pues el robo de champagne se notar√≠a f√°cilmente. Alegre, con el aliento alcoholizado, Ezequiel derramaba sobre la acera la orina que el cuerpo produc√≠a. ¬°El enano mea!, exclamaban los transe√ļntes. El hombrecito se apoyaba en la reja y sub√≠a y bajaba la bragueta obedeciendo a las √≥rdenes superiores del cuerpo. Se re√≠a a carcajadas hasta que los compadres lo arrastraban de los brazos. Durante las ma√Īanas de resaca, Ezequiel golpeaba a la puerta de Ju√°rez para deshilachar en mil trenzas los sue√Īos nocturnos. Qui√©n dir√≠a, el enano mea y tambi√©n sue√Īa.
Juárez encendía el habano y oía al perdulario. Ezequiel había crecido convencido por la madre de que podría ganarse la vida como tragador de espadas, lo que acabó no sucediendo pues no podía coordinarlas a tiempo. Se accidentó y perdió dos dedos con los cuchillos afilados y voladores. Después se casó con la prima de Anuschka, Ivana. Mujer endiablada, de aquellas que molestaban como abejas las tardes de verano cuando todo lo que se quiere es beber un jugo endulzado con agave. Mortificado, Ezequiel entregaba a la mujer y a la madre el vuelto que ganaba en el depósito, si bien siempre escondía algo para el Jogo.

Sue√Īo sin significado
Entonces √©l me dice que el √ļltimo sue√Īo hab√≠a sido como ning√ļn otro. Tamborileo los dedos sobre la mesa.
‚Äď Cuenta, Ezequiel, lo que te pas√≥.
‚Äď Camarada Ju√°rez, no s√© si usted lo recuerda por ser un hombre de cabeza tan llena. Esta noche fue h√ļmeda y densa, mi respiraci√≥n dificultosa‚Ķ un desaf√≠o para mis pulmones peque√Īitos‚Ķ por miedo a la traqueotom√≠a, que los m√©dicos aconsejan como inevitable‚Ķ aqu√≠ estoy, dejando la decisi√≥n para despu√©s‚Ķ
Gesto de impaciencia. ‚Äď ¬°Comienza de una vez tu historia, Ezequiel!
‚Äď En mi devaneo, no me di cuenta de que los ojos se hab√≠an cerrado y me hab√≠an lanzado al mundo de los Ogros, de los Gigantes Durmientes deshechos en enanos teut√≥nicos‚Ķ. Luego, un gato gris de proporciones desmedidas repos√≥ a mi lado, mientras yo se√Īalaba un objeto volador que nos arrasar√≠a a todos. Despert√© con Ivana, que estaba irritada debido a mi apnea. ¬ŅPor cu√°l de esas fieras deber√≠a apostar, Ju√°rez?
‚Äď T√ļ sabes que no puedo dar consejos sobre las apuestas ni soy vidente para leer sue√Īos. Los sue√Īos hablan por s√≠ mismos, pero el resultado del juego es imprevisible. ¬ŅCu√°nto tienes para invertir?
‚Äď Diez, veinte cruzados‚Ķ
Esto no tenía gracia: perder el tiempo con Ezequiel para que el tipo venga con los bolsillos vacíos, unas monedas mal pulidas y resbaladizas que se golpeaban contra el piso de linóleo de la cocina.

Las apuestas son las que hacen girar el mundo
El taimado Ju√°rez busca la aspirina en el caj√≥n de la c√≥moda. El levante que penetra por las rendijas ya fue una persona en el pasado y en forma de viento molesta a Ju√°rez, le provoca una jaqueca; las reminiscencias pueden ser √°speras. Est√° rodeado de muebles de la maternidad, donados cuando se mud√≥ a las Torres. Odiaba que lo infantilizaran por su baja estatura, por la deformidad de la cabeza y el cuerpo. Se regocijaba en una risa profunda y mortal en la certeza de que controlaba el juego con astucia. Hab√≠a desarrollado un sistema de apuestas por animales, en rebeld√≠a a las autoridades; el fisco ignoraba sus actividades financieras y el juego clandestino. √Čl, Ju√°rez, hab√≠a creado un mundo paralelo desapercibido por los Grandes, un mundo en el cual su misi√≥n era lanzar los dados y alterar la cara de los n√ļmeros.

El pretérito festivo de un enano varón
Con semejante inclinación, Juárez había frecuentado las fiestas de la crème de la crème. Artistas, escritores, poetas, cineastas y agentes imploraban que apareciera en los banquetes con sus disfraces. Un baile triunfal de sombreros, gritos histéricos femeninos, copas de champagne que se alternaban con bandejas de canapés, cigarros; un telón de fondo para otro juego de Juárez.
Anta√Īo hab√≠a pocos sanatorios. El reinado de Espa√Īa y de la Locura incendiaba los salones de Bowery. Ju√°rez cobraba caro para participar de las fiestas y Anuschka lo acompa√Īaba para ayudar en las vestimentas y los disfraces. Al volver de los encuentros orgi√°sticos, Ju√°rez necesitaba horas para dormir, como si el sue√Īo fuera un feto deformado como √©l. En la otra cama, Anuschka se enroscaba como un molusco y silenciaba las voces de la madrugada. En las oraciones nocturnas, agradec√≠a por no haber pasado por las cirug√≠as rusas de alargamiento ‚Äď por a√Īos hab√≠a temido que Ju√°rez la forzara a someterse a alg√ļn procedimiento doloroso como los experimentos de Menguele, pues el carisma de Ju√°rez la encantaba. Ju√°rez se burlaba (√©l cre√≠a que nada le hac√≠a sombra) y Anuschka lo serv√≠a a su voluntad.

La producción inescrupulosa del insomnio
Insomne, Juárez fruncía las cejas y ambicionaba. Quería llenar cofres de oro y tesoros del zar, triunfar. Sorbía el té del samovar de cobre y dibujaba sobre la niebla del vidrio de la ventana planos y emprendimientos. Basta un dedo para elaborar mapas e invasiones. Hay líderes nacionalistas con uno o más dedos podados que mueven multitudes. Desde el sótano abandonado de las Torres, Juárez operaba, además del Jogo do bicho, partidos de dominó, cultos satánicos, inspección de calidad de rompecabezas y vigilaba el mercado de acciones y cualquier
otro
negocio
altamente
rentable.

Acciones subterr√°neas
En la madrugada de la pomba-gira, habiendo salido el diablo en la puntualidad de la medianoche, entre cuatro y seis enanos se divid√≠an en las tareas de trabajo y los intervalos de juego de domin√≥ sobre la mesa met√°lica. Se quejaban de sue√Īo y sorb√≠an caf√© soluble disuelto en el agua caliente del grifo. No dorm√≠an en servicio y cada noche recib√≠an cajas de rompecabezas de la f√°brica para testear el encastre de las piezas. Il a du mal √† la t√™te! ¬ŅD√≥nde est√° el frasco de aspirinas? ¬°Anuschka, Anuschka, ven corriendo a salvarme!

Juego
Ju√°rez cambiaba los n√ļmeros por los dedos. Bastardo parido por la bisabuela, las mujeres de la familia sab√≠an parir bastardos de hombres nobles de San Petersburgo o Lissabon. Una corriente de mujeres produce un enano bastardo mutante por cada diez infantes. En la f√≥rmula cromos√≥mica de X o de Y, la X prevalece y la Y pertenece a un √°lgebra desvalorizado.
¬°Pero atenci√≥n!, si usted invierte la cuenta de los dedos y comienza por el final, descubrir√° ONCE dedos en las manos, y Ju√°rez insiste en potencia absoluta en utilizar el und√©cimo dedo en la punta; la u√Īa afilada arranca la cera del o√≠do, cuenta billetes, separa las piezas de cart√≥n del rompecabezas, 1000 piezas de una pintura de C√©zanne.

10 + 1 = 11 dedos + 989 piezas de rompecabezas = 1000 RECT√ĀNGULOS

Si uno enumera las mujeres de una familia e invierte el orden de la numeraci√≥n da lo mismo. ¬°Diez mujeres y no once! Ju√°rez no ten√≠a recuerdos de la madre, de la abuela, de la bisabuela, de las otras, de los vientres, aunque supiera de la perfecci√≥n del n√ļmero 10 y se cuestionara sobre la perfecci√≥n de sus m√ļltiplos. Ahora, Anuschka era la mujercita que lo cuidaba con mimos, ajena al sistema decimal.

Animales, n√ļmeros y rompecabezas
N√ļmeros, animales y rompecabezas
Rompecabezas, animales y n√ļmeros.

Cuando uno es un business man, se enrolla la camisa a lo largo del antebrazo, as√≠ lo hacen los hombres de mercado. Requiere creatividad y tejido limpio, hay que acomodar las mangas a la altura de los codos y los negocios se negocian. Anuschka almidonaba la camisa cuadriculada de Ju√°rez con celo y √©l se complac√≠a en su apariencia de se√Īor de negocios. Se peinaba el cabello hacia atr√°s, correg√≠a la desobediencia de la corbata rayada y era sincero en la importancia que se daba. Anuschka guardaba en el bolsillo del vestido el control remoto del aud√≠fono de Ju√°rez y disfrutaba con humor de este peque√Īo poder sobre el patroncito. Cuando no quer√≠a que √©l oyera, apagaba el aparatito y Ju√°rez, en su falta de correspondencia con el mundo, no notaba su sordera.

TheEnd/Fin
Finalmente, la entrada del circo en la ciudad.
Como ya fue dicho, Ju√°rez y Anuschka salen de paseo. Estropeados por la edad, caminan agobiados. Rasgan la noche con pasos infantiles, dos, tres minutos por cuadra. Los cuerpitos doloridos no parecen ser aquellos de las antiguas org√≠as; las sombras hab√≠an quedado en los bailes brutales de Bowery. Pero antes de destinarse a la parada circense, dejan que suene el disco gramof√≥nico de Berliner. Ignoran los ara√Īones por los cuales pasa la aguja, como lo hacen con los habituales comentarios de facciones sorprendidas; quien los viera no distinguir√≠a si son ni√Īos o enanos.
El sol punzante de mango fresco y acero pulido marc√≥ el fin de la paz de los enanos y de la ciudad. ¬ŅO ser√≠a la luna que hab√≠a enloquecido? La gente prozac-blas√© abri√≥ los dientes en un espect√°culo de circo sin lona. Esta √©poca hist√≥rica ser√≠a conocida como el Carnaval de 2666, totalmente fuera del calendario.